Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.

(Carlos Gallego)

miércoles, 3 de febrero de 2016

Recuerdos de la Pedriza... Los inicios (años 60/70)

Tendría doce o trece años -no puedo recordarlo- cuando coloqué mi primer tornillo en la Pedriza; lo cierto es que, desde entonces, podrían contarse con los dedos de las dos manos -como mucho... también añadiremos los pies (por aquello de la memoria)- los tornillos, buriles, spitz o parabolts, que haya instalado en toda mi vida.

Esto no significa que mi forma de ver la escalada se corresponda con actitudes radicales... no es el caso... simplemente que mi forma de ver la montaña tuvo y tiene otras formas de entender y elegir.



Ya os he contado por aquí como descubrí la Pedriza y ahora viene el por qué de colocar un tornillo -de dimensiones importantes- en un cascote de la ladera del Alcornocal.
Por supuesto que, entretanto, descubríamos el entorno durante interminables marchas entre jaras y veredas... Daba igual si llovía o nevaba ¡antes nevaba más, eh! nosotros no perdonábamos un fin de semana.

... vivac en la subida al "Yelmo"...

... bajo "Peña Sirio"...

... en el "Cerdito"...

Bueno, también tengo algunas fotos en color (escaneadas de papel)... Es que, logré que me compraran una cámara "Werlisa color" y aquello ya fue un triunfo... Pero vamos, no esperéis mucho que yo siempre fui mal fotógrafo... de largo.

Aunque, pensándolo bien, si salgo yo en la foto... ¡la foto la hizo otro!. Me quedo más tranquilo, pero sigo sin recordar quien sería el acompañante.




Durante alguno de los paseos, en una primavera exuberante, cercanos y un tanto a la derecha del "Indio", descubrí muchos de esos tornillos -enormes, largos y oxidados-, en bloques pequeños; ¿para qué será eso? -me preguntaba-.
Ni corto ni perezoso, me agarraba a ellos -¡eran grandes, eh!- y trataba de subirme hasta donde el miedo me dejaba.
Esto de escalar debe ser muy difícil -eso pensaba entonces-.

Un día, mientras andaba liado con un cascote, aparecieron por allí dos montañeros de los de barba, camisa de franela, bávaros (bien sujetos con tirantes), mochilas enormes y botas "gordas".

- ¿Qué haces, muchacho?
- Pues... aquí, subirme a la piedra esta.
- Pero, vamos a ver ¿agarrándote a los buriles?
-¿Buriles?
-Este es nuevo -dijo uno de ellos, mirando al otro-
-Está más verde que la pradera del Tamboril -dijo el otro-
-¿Tamboril?
-¡Buah! -dijeron al unísono-

El caso es que fueron muy amables conmigo y me explicaron en qué consistía eso de escalar. Bueno, cuando abrieron la mochila ¡fue la leche!... estribos, clavos, tacos de madera, maza, cuerda... También una tartera con tortilla de patatas y pimientos verdes fritos.
Esa noche no pude dormir.

Me compré un "ramplus" (burilador) y ¡zas!...

... ¡ahí está el delito!...

... todavía sigue ahí (2015)...

... por aquel entonces le llamábamos "Caballito de Ajedrez" (ladera del Alcornocal)...

Esta zona del Alcornocal la recorrí palmo a palmo, quedaba cercana a la casa que construyó mi padre y de la que ya os hablé.
Desde el antiguo depósito de agua (en piedra berroquera) que parece señalizar justo el cambio hacia lo que ahora se llama "Gusarapo", en la zona alta de las "praderas del rodaje", hasta el "Collado del Ave María" seguramente no hubo espacio que no investigara.

... ladera del Alcornocal (el "Techo")...

Ahora, en el siglo XXI, parece que se ha re-visitado principalmente por los aficionados al "boulder" (bloque).
Zonas ahora llamadas el "Gusarapo", el "Depósito", el "Mogote de San Bernardo" (al que siempre conocimos como el "Submarino")... y otras que nunca recibieron nombre, fueron terreno de juego en aquellos finales de los años 60...

... a este le conocíamos como el "Techo"...

... "Mogote de San Bernardo" (también marcado en mapas como "Miramar")... para nosotros "El Submarino"...

Así comenzó una nueva andadura "pedricera".
En años posteriores, con los conocimientos mínimos, empezamos a recorrer aquellos itinerarios repletos de "buriles" (realmente casi siempre fueron tornillos de ferretería, pero buriles se les llamaba).

Con una cuerda de 40 metros y 9 mm. , unos pocos clavos, estribos, casco (siempre) y mosquetones de hierro (auténtico hierro) nos lanzamos a la aventura de "escalar".
Riscos que más tarde conocimos como el "Indio", "la Familia", el "Tolmo", las "Placas del Halcón", la "Camorza"... y un largo etcétera, recibieron nuestro paso.

En la vertiente Norte del "Indio", entre callejones varios, también se escalaban fisuras con tacos de madera y clavos... y encontrábamos nombres (unas veces pintados y otras tallados) a pie de vía: "Tiziano", "Bonati", etc.

... el Indio... el casco es de moto (pertenecía a mi hermano)...

... la "Familia"...

... el "Tolmo"...

... "Placas del Halcón"...

... la "Camorza"...

Recién estrenados los años 70 nos subimos a unos cuantos riscos característicos, y también entrenábamos en cascotes pequeños.
Aquí hay dos rutas (este pequeño risco es donde se localiza aquel primer tornillo que coloqué).
Recuerdo haber colocado algún clavo por ahí ¡ande andará!.
En el itinerario de la vertiente Norte se rompieron un par de pequeñísimas y delgadas "setas" que hicieron imposible (para nuestro nivel) repetir el recorrido por segunda vez; así pues... lo mismo solo tiene una ascensión.

¿La bajada?... por el sistema de "sujeta la cuerda por detrás y rapelo por delante"...

... el Alcornocal (nuestro "Caballito de Ajedrez")... vertiente Norte... 

... el Alcornocal (nuestro "Caballito de Ajedrez")... vertiente Sur...

Y aquí os dejo un "croquis" del "Techo", con las tres vías que se inauguraron.
El itinerario central (este lo abrí en solitario) se corresponde con una hilera de tornillos con chapa (excepto el de salida que, creo recordar, fue sustituido muchos años después por un "spitz"; nunca quedó bien pues la roca, en ese tramo, está muy descompuesta).

El itinerario de la izquierda se hacía "a pelo"... y el de la derecha con cuerda, se colocó un taco de madera (bien gordo) emplazado a mitad del recorrido.
También, años después, quedó abandonado un "friend" ante la imposibilidad de extraerlo.

Por aquel entonces, los canteros de Manzanares el Real, ya habían partido un bloque que se encuentra a los pies de este risco (se distinguen las marcas de las cuñas)... y ahí hacíamos "boulder".
Hay también, desperdigados por la ladera, dos o tres bloques pequeños (creo haber visto por internet que ahora reciben visitas).


... ladera del Alcornocal (el "Techo")...

Curiosamente, este pequeño risco lo utilizamos a finales de los años 80 para publicidad de las empresas que por aquel entonces comenzábamos a manejar: CALMA y AMADABLAM.
Aquí aparece Jose Carlos Arenal (CALMA), en el itinerario derecho,  vestido y equipado ¡a la última!


Aquí tenemos a unos repetidores modernos, en épocas modernas...



En las "Placas del Halcón" también recorrimos vías "de tornillos" y otras en las que nada había (años después nos enteramos que algunas estaban abiertas... de otras tenemos dudas).
Este lugar siempre nos impresionó, al fin y al cabo aquello tenía ya pinta de pared y, claro, eso de hacer reuniones ofrecía carácter a la escalada.

... salíamos por algún sitio de los recuadros marcados con interrogación... pero no logro recordar por donde...

En el "Mogote de San Bernardo" ya había un itinerario en artificial (vía Moisés) que repetíamos de vez en cuando... y una pradera cercana a la que bautizamos como la "pradera del lobo", lugar donde solíamos vivaquear cuando nos movíamos por la zona.

... "Mogote de San Bernardo"...

... nuestro vigía en la "pradera del lobo"...

A mediados de los años 70 ya logramos "contactar" con otros escaladores y por ello ¡menos mal! aumentamos el escaso conocimiento que teníamos... Y comenzó una nueva etapa para repetir vías con nombre e historia: "Cancho Amarillo", "Yelmo", "Pájaro", "Peñalarco" (a la que se conocía más como el "Hueso"), "Dos Torres", "Torreón de las Arañas Negras", etc.

... el "Pájaro" (Sur clásica)...

... "Dos Torres" (Riaño/Soria)...

... posiblemente (no estoy seguro) en el Yelmo (Vikinga)...

En la "Cueva de la Mora" unos amigos me dedicaron una vía a la que llamaron "Gallego"... aquí os dejo un enlace con algo de la historia y reportaje de Cuaderno de Escaladas...

... Cueva de la Mora (Gallego)...

... "Cancho Amarillo" (Tino)...

... "Cancho Amarillo" (Ayuso)...

Hubo un par de escaladas que siempre recuerdo.

Una fue en el "Pájaro": la vía "Loquillo". El largo desde la salida del segundo techo hasta el siguiente descanso ¡tremendo! me llevó mucho tiempo superar los metros que dan acceso a la placa superior... mucho tiempo y miedo.
Recuerdo colocar un clavo invertido en el único lugar posible y... navegar, sin poder olvidar que un vuelo me llevaría bajo los techos.

... el "Pájaro" (Loquillo)...

La otra escalada tiene una magnífica historia que os cuento más abajo... Y enlazo con un artículo en el foro de Vía Clásica, donde podéis encontrar un buen reportaje de una repetición en el año 2010, a cargo de Uge García y Enrique Barberá.

Se desarrolló en la "Torre de las Arañas Negras" (seguramente en el año 1973), una escalada que siempre pensamos estaba en los "Molondrios", pero no.
En la segunda reunión de la vía, coincidimos con dos magníficos escaladores del momento: Oscar Keemiyo y Miguel Angel Mora (alias "Biafra"): ellos también tuvieron algunos intentos anteriores que incluyó un vuelo tremendo desde la famosa chimenea "a pelo".

Recuerdo a Keemiyo meterse a la chimenea con una determinación impresionante... Y salir por arriba, sin despeinarse.

... Oscar Keemiyo...

Aquí tenéis un croquis actualizado:



"... no me puedo resistir a contar algunas cosillas que nos ocurrieron durante aquella escalada.

Bien equipado con mis bávaros de pana, cletas y una fantástica camisa de franela, tipo leñador (a cuadros rojos), mi casco "Boeri", un montón de clavos, tacos de madera, mosquetones de hierro y yo bien atado al pecho directamente con la cuerda.
Entré en la chimenea -tras muchos intentos por salir de los estribos- y entonces me dí cuenta que ya resultaría imposible bajarme de allí... ¡a no ser que me tirara!.

Luché por allí tanto tiempo que los compañeros tiritaban en la reunión. Era invierno y chispeaba.
Cuando logré salir al nicho, de la camisa de franela colgaba una manga hecha jirones; la suela de una de las cletas estaba despegada por la puntera y me costaba respirar -seguramente porque el atado al pecho apretaba en exceso y no dejaba opción a tomar aire profundamente-.

Subieron otros dos compañeros -hicimos cordada de cuatro-... y cuando le tocó el turno al último no pudo dar un paso, claramente le alcanzó la hipotermia.

Ya entre dos luces solo quedaba una opción: soltarse de la reunión y dejar que la cuerda encontrase la vertical... ufff... ¡hubo que convencerlo con mentiras piadosas!, pero no había otra solución.
Nada más soltarse salió disparado al vacío... y nunca olvidaré aquellos ojos, como platos, con los que nos miraba.

Lo subimos a nuestra vera tirando a mano de la cuerda; ya anochecido.
Sin linternas y absolutamente destrozados por el cansancio, nos dimos golpes por todo el cuerpo... hasta llegar al camino y de allí corriendo al pueblo, para llamar a la familia desde la cabina telefónica y comunicar que no dormiríamos en casa... ni podríamos asistir al colegio.
Nos echaron una bronca de las buenas, pero... a nosotros eso nos trajo al fresco..."


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