Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.

(Carlos Gallego)

sábado, 4 de octubre de 2014

Galayos en los años 70... el lugar donde aprendimos

"Los Galayos... 
jardín granítico de potentes tallos
y delicadas flores"

(Gerardo Blázquez)

... vista de los Galayos desde el Cervunal...

"... es noche cuando llegamos a la Plataforma; alguien abre la puerta del bus y grita: ¡cielo negro y chispeando!.
Goyo - el conductor - nos mete prisa: ¡vamos, chicos... que me esperan a cenar en Guisando!.
¡Joder!... apenas agarro la mochila y ya veo luces que enfilan camino arriba ¡qué bárbaro!; me coloco la linterna "Wonder" y la capa de lluvia... ¡anda que molesta poco el dichoso cablecito desde la cabeza al portapilas!; voy de los últimos pero dispuesto a ganar posiciones.
¡Vengaaa! - Antonio y Canito me gritan desde la oscura lejanía.

Aquello es una carrera contra reloj; a mitad de camino, entre apagones de la dichosa linterna y tropezones con las piedras sueltas que abarrotan la senda - se me graba a fuego el soniquete seco que producen los cantos al golpearse entre sí, a nuestro paso -... comienza a llover con fuerza; me piso la capa muy a menudo... lo cierto es que ya tiene algún jirón colgando... me dan ganas de quitármela y que sea lo que Dios quiera... pero ¡leches!... perdería tiempo y estos recios me dejarían atrás sin piedad.

Tengo la sensación que todas las luces que veo están muy lejanas... moviéndose a toda velocidad - unas en fila y otras atajando curvas -... solo saco ventaja a un par de desgraciados que, a pesar de mi esfuerzo, me pisan los talones.

¿Por qué correrán tanto?... esto es un sinvivir.
En poco más de hora y cuarto estamos en el refugio... sigue lloviendo y no logro ver el espectáculo de agujas que me prometieron... verás tu... lo mismo mañana sigue así y nos tenemos que volver sin pena ni gloria... ¿también habrá que correr cuesta abajo?.

Abro la tartera para meterle el diente a la tortilla de patata y unos pimientos verdes fritos... ¡y ya hay un montón de tipos roncando!.
El piso de arriba está completo... parece un "larvario"... sacos de colores colocados al estilo de lápices "Alpino" - bien apretaditos - en su caja de cartón.
Me arrebujo en mi saco "playero" mientras ruge una tormenta eléctrica; suenan trallazos que amplifica el Galayar... vibra el suelo - embarrado - y se me cierran los ojos mientras sueño ser alpinista.
Mañana será otro día..."

refugio Victory en Galayos, 1973.


... vista de las "zetas" desde la Peña del Águila...

Este pequeño relato que os he contado ocurrió en mi primera visita a los Galayos... el lugar donde muchos aprendimos a ser alpinistas.

La historia de la escalada en el Galayar se inicia - casi de golpe - en 1933; un día del mes de mayo... Ricardo Rubio sale de Madrid en su bici, y Teógenes Díaz se sube a un autobús.
Los recibe Arenas de San Pedro y allí comen... para salir andando hacia Guisando... luego hasta el Nogal del Barranco (Plataforma); se dan unos baños en las heladoras aguas del río Pelayo y continúan hasta "La Apretura" donde deciden pasar la noche, no sin antes cenarse unas "sabrosas patatas y cortar un poco de hierba para hacer un poco más leve el suelo".
A Teógenes se le cierran los ojos mientras murmura una "canción bohemia":

"Mi patria es el mundo,
mi techo, es el cielo...
y el sueño, que todo lo sume en sombras, me aprisionó"

El día 14 - con cuerda y anillos de cáñamo, calzados con abarcas de suela de goma - alcanzan la cumbre del Torreón - también conocido como "La Torre" o "El Pilón" - por la chimenea Oeste (vertiente del refugio) y rapelan por la cara Sur.

Un mes más tarde, Ángel Tresaco y Enrique Herreros, repiten la vía... y rapelan por el mismo itinerario de subida - éste descenso será el clásico durante muchas décadas -.

Al mes siguiente - ya estamos en Julio -, Miguel López hace lo propio ¡en solitario!.


Definitivamente se abre un nuevo escenario en los Galayos; la Guerra Civil Española y su posguerra ralentizan el magnífico comienzo Galayero... sin embargo y hasta los años 50 el Torreón sigue recibiendo nuevos itinerarios - rutas hoy clásicas como la Sur-Directa y la Lucas - sin olvidar nuevas rutas en el "zócalo" que lo sustenta... y también en otros riscos como el Gran Galayo, que recibe la visita del afamado Emilio Comici... inaugurando el itinerario que lleva su nombre.

Suenan nombres de aquella época heroica: J.M.Galilea, J.B.Mato, A.Tresaco, B.Sol, A.Pisonero...

En 1949 se inaugura el refugio Victory - en honor a Antonio Victory, pionero del montañismo castellano e impulsor de la Federación Española de Montañismo -... situado en la frontera de los 2000m. de altitud y  en en el mismo emplazamiento donde hubo una pequeña covacha de pastores.

... refugio Victory... octubre 1975...

En 1950 se produce otro hecho que eleva el nivel de la escalada Galayera: los hermanos Bonifacio y Lorenzo Malagón, junto con Antonio Romero y Frutos Sainz... se despistan a la entrada de la ya clásica "chimenea Oeste o Teógenes"... y tiran unos metros a la izquierda por un diedro que se convertirá en una obra maestra para las generaciones posteriores... su nombre: la "Malagón".
Graduada de V+ "galayero"... sigue siendo - hoy en día - la referencia del grado duro que no regalan los Galayos.

Realizan la escalada en libre total... y durante los nueve años siguientes, hasta su repetición,  muy pocos creen que subieran por allí sin medios artificiales.

En las décadas 50/70 se desarrolla una labor de exploración que resulta vital para el conocimiento del Galayar... nuevos rincones, nuevas agujas y nuevas rutas - cada vez más difíciles -.
Curiosamente, a principio de los años 70, todavía quedaban muchos itinerarios vírgenes... y curiosamente la información de la que disponíamos era escasa y difícil de conseguir - pasaban los croquis de mano en mano como "incunables" -.

... croquis "Ayuso/Espías a la Mª Luisa"... abierta en los años 60...

Y a lo sumo... un "mapa de cordales" para saber que gargantas y cumbres cercanas nos rodean...


Baste como prueba un listado - con algunos croquis - de las agujas y vías hasta 1973... Maldito Duende.

En esos años el listado de escaladores asiduos resulta interminable: A.Flores, P.González, M.Castaño, R.Pellús, E.Conde, S.Rivas, C.P.Tudela, C.M.Repiso, J.López, M.Oronoz, A.Espías, P.Acuña, C.Soria, E.del Pozo, J.Mayayo, A.Faus, C.Valladolid, I.Lucas, M.Castaño, F.Brasas, F.Martínez, R.Assas, G.Blázquez... 

En cualquier caso... ya se hacen "norma" dos cosas de obligado cumplimiento para todos aquellos que alcanzaban la cima del Torreón: ponerse de pié en la cumbre y pasar miedo al rapelar de la famosa "barra" - acero corrugado - de la que había que descender por la chimenea Oeste o Teógenes... la primera sigue vigente... la segunda - gracias a Dios - fue sustituida por más segura bajada....

... Víctor Morcón le tiende la mano a Tomás Mesón (agosto 1968)... pero ¡ni por esas se pone en pie!...

... segundo rápel del Torreón... desde la famosa "barra"... hasta más allá de los 70...

Continuando con la historia que relataba al inicio... ésto es lo que nos sucedió aquel año de 1973, durante nuestra primera visita a Galayos:

"... apenas entra luz por la puerta, no tanto porque no exista en el exterior... más bien porque han bajado de la tarima superior un montón de tipos - corremos peligro de que nos pisen a los del suelo bajero - andan recogiendo trastos unos, desayunando otros... todos afanosos con sus cosas.

Aún dentro del saco, me arrastro hasta la esquina de la puerta para echar un vistazo... una niebla ligera, como una pantalla en cuña que subiera por la canal, me impide ver.
Huele a tierra mojada y brillan las rocas cercanas... ¡va a salir el sol! - grita uno - mientras me pongo de pie y sujeto el saco, a la altura del pecho... doy unos saltitos y ya estoy listo cuando tropiezo y me esperan los dos escalones de piedra... ¡menuda leche me voy a dar!... pero alguien me sujeta en el último instante.
Oigo risitas y murmullos graciosetes... empezamos bien.

Y el sol sale; allí... en el pequeño rellano del exterior... suelto el saco que se escurre a los pies y me muestro a los presentes con lo único que llevo puesto: calzoncillo "Abanderado" - todo lo blanco que puede estar tras la subida de anoche -.

Flotan jirones de niebla, entre canales y balcones escondidos... atravesando cumbres de agujas imposibles, pero el sol aprieta más y lentamente se ofrece a la vista lo que me dijeron que vería primero: el Torreón..."


... un invierno a finales de los años 70... bien marcada la clásica vía "GAME"...

Guardo un recuerdo imborrable de aquella primera salida galayera, con 16 años cumplidos... y guardo un especial recuerdo de un escalador de la época - pocos años mayor que nosotros - pero con un bagaje muy superior.

Por aquel entonces "nuestro guía" Santiago Pino ya era un escalador de clase.

... Santiago Pino en la NO del Cilindro (Pirineos)... 1975...

Santiago nos indicó como llegar hasta la entrada "Directa" que conecta con el diedro de la "Sur clásica" - por la canal de la Aguja Negra -... y de ésta forma nos colocamos en todo lo alto del Torreón... una experiencia que nos obligaría a regresar a Galayos durante el resto de nuestras vidas.

... Dominicano Trujillo "Canito" y el que escribe... en la canal de la Aguja Negra... buscando el camino...

La década 70/80 comienza con impresionantes nuevas escaladas y va terminando con las tendencias que llegan - se fuerza en libre todo aquello que se recorrió en artificial... llegan los "pies de gato"... aparecen los nuevos "cacharritos" de levas (friends)... y van desapareciendo pantalones bávaros, camisas de franela, botas "gordas" y "cletas"... llega el cambio -.

A estos escaladores les toca el cambio: J.Lupión, S.Hernández, F.Aguado, J.A.Lucas, L.Fraga, M.A.Gallego, M.Montes, A.Lechuga, J.Galán, F.de Pablos, G.Mateo, J.Gutierrez...

Aparecen las primera "guías de escalada"... principalmente dos volúmenes: uno que comprende el macizo de Gredos en general "La Sierra de Gredos" de Miguel A. Adrados, Emilio Gª Viel y Jerónimo López.

El otro, de Juan Lupión,  "Los Galayos guía de escaladas" -... un volumen dedicado exclusivamente al Galayar... más actualizado y que incluye - con más decisión que la guía anterior - términos que empiezan a utilizarse habitualmente como: "itinerario realizado enteramente en libre, sin puntos de ayuda artificial"... o "realizado con dos puntos de ayuda".
Hay que recordar que hasta esos años, aquello de "agarrarse" a un clavo... se consideraba un "pecadillo" - algo así como: "ni se menciona, ni tiene importancia" -... pero vamos... que a partir de entonces ya no era escalada libre ¡te pusieras como te pusieras!... listillo.

Ambas publicaciones se convierten en la "Biblia" para todos los escaladores, locales o de otras comunidades, y ambas guías se publican en 1981.


... guía de Juan Lupión...

Para todos aquellos que gustan de leer con detenimiento, dejo el enlace sobre el monográfico de la revista GAME nº16... donde encontrar los principales hitos de la escalada en Galayos.
Ahí tendréis los nombres de multitud de excelentes escaladores y alpinistas que siempre intentaron mantener la "esencia galayera"... la misma que luego aplicaríamos por las Cordilleras de la Tierra.

En lo que respecta al grupo de amigos con los que yo escalaba habitualmente - o sea... todos los fines de semana... con sol o tormenta, nieve o secarral, calor o frío hiriente - recuerdo que caíamos rendidos al final de cada jornada, con las manos desolladas... la ropa desgastada y las "cletas" con agujeros - cada mes más grandes - en las punteras.
Solo el reparador "Araldit" nos ayudaba a mantener los boquetes bajo control.

Aquellos primeros cuatro o cinco años - de los 70 - repetíamos visitas constantes a la Pedriza, Galayos, Circo de Gredos, Peña CabreraPirineos, Picos de Europa... un trajín sin descanso.

... en el refugio Victory... octubre 1975, con Ramón Muñoz y dos catalanes que visitaban el Galayar...

... algo celebraríamos... ¡digo yo!...

Un recién llegado otoño - posiblemente del año 1974 - aprovechando unos dineros que conseguí ahorrar de la "paga" familiar, decidí adentrarme en Galayos por unos días... con el plan secreto de escalar en solitario.

Mi segundo "viaje iniciático", tras aquel otro que ya os relaté en La promesa.

Llegué a Arenas de San Pedro en autobús, acompañado de mi sempiterna mochila de loneta gris; recorrí la carretera hacia Guisando, con la esperanza de que algún coche me ahorrara el asfalto - vana esperanza porque nadie subió al pueblo -... luego continué andando - otra vez con esperanza - por la carretera hacia la Plataforma del Nogal del Barranco.

De nuevo fue vana esperanza que pasara algún vehículo, así pues... habiendo recorrido unos cientos de metros, decidí atajar por las antiguas veredas del pinar.

"... estoy solo en el refugio - yo diría que estoy solo en el Galayar -; retumban caídas de piedras que ocasionan las cabras... es tal el silencio que me impresiona al punto de erizarme el vello.
Una dispersa neblina se deshilacha en la cumbre del Torreón, que aparece y desaparece como un fantasma de sábanas grises.

Me cargo la cuerda a la espalda, cuelgo del cordino en bandolera unos clavos, mosquetones sueltos y algún taco de madera... la maza al cinto; el casco ya puesto y cientos de mariposas revoloteando en el estómago.

Atravieso la pedrera, un tanto en bajada, hacia el canalón Oeste de la vía Sol-Galilea; suben vientos leves y algo frescos, como empujados por la Apretura que los canaliza como un embudo.

Alcanzo la Plataforma de las Flores aún con cuerda a la espalda... luego... busco la brecha de la Punta Margarita - me han hablado que un rápel por ahí me llevará a la vertical de la vertiente Sur... una variante atractiva para conectar con la vía Lucas -.

No me resulta fácil encontrar el camino - me parece más difícil que lo que vendrá -; pero todo llega y al fin llega el diedro soñado... ése del que me hablaron hace unos meses, cuando recorríamos el otro paralelo de la Sur/Directa.

Y por fin... la cumbre del Torreón; no me atrevo a ponerme en pie... al menos hasta que no se disipen las nieblas que nos envuelven; por fin... un viento más poderoso... despeja el espacio y me veo - atado a la cuerda que até metros más abajo -... en pie... con los brazos en cruz, como Dédalo dispuesto a volar.
Llegan jirones de niebla que atraviesan el Torreón unos metros por debajo de mis pies... mientras el sol me abrasa la nuca - algo así como navegar un mar de nubes subido al mástil más alto de la embarcación - ¡joder!...

Yo no volé... rapelé por la chimenea Oeste (Teógenes)... con el mismo miedo que siempre sentí al colgar de la barra bailandera encajada, a modo de puente, entre cuarenta centímetros de grieta y acuñada con restos de plomo... ".


... un escalador destrepando la canal clásica... un invierno de un año que no recuerdo...

Los siguientes días - frescos y soleados - continué solo en el Galayar; recorrí el Pequeño y el Gran Galayo... encadenando las clásicas del momento: Sur/Apretura y Gran Diedro.

El último día - ya bajando de la Punta Tonino Ré... por la vía Benavides/Serna - me encontré dos tipos que llegaban al refugio.

Aproveché para venderles unos clavos - me costó lo mío porque no querían -... lo suficiente para reunir el resto del dinero que me hacía falta para regresar en el autobús de linea.


Llegaron los años 80 - casi sin enterarnos -... y los Galayos siguieron brillando bajo las lunas que perfilan siluetas chinescas contra cielos que no llegan al negro; a veces, también... contra nubes blancas que difuminan riscos imposibles.

Pero la historia de ésa década - audaz, limpia y magnífica - tendrá que esperar a otro capítulo...


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