Subir montañas. Aprender, avanzar y mejorar… siempre mejorar. Luchar y perseverar… siempre perseverar. Imaginar y soñar… siempre soñar. Compartir, sentir y reír… siempre reír. Fracasar y triunfar… como aprendizaje. Intuir y prever…puede no ser cierto lo que ves. Entender el entorno… que no conoce piedad. Escuchar las señales… que son legión. Navegar… con calma justa. Decidir… es tu libertad. Asumir el sufrimiento… que alguna vez llegará. Proteger… el compañero es tu mitad. Corazón caliente y sangre fría. Humildad debida.
Aún así… nada es seguro. Nadie te obligó… y a nadie exigirás.
Luego… bajar de allí… con las mismas reglas.
Vivir.


domingo, 17 de diciembre de 2017

El poder de la esperanza

A punto de acabar un 2017, imparable, como el resto de los años que terminaron años atrás, décadas atrás, milenios atrás... y nosotros no estábamos allí. Y vendrán más... que no veremos.

Ahora, en la década que nos invade... a unos más, por lo vivido, y a otros por lo que "creen" haber vivido en un nuevo estadio que llamamos redes sociales: el lugar donde nada es lo que parece.
Lugares donde resulta difícil discernir la verdad de una mentira que envenena.
Ahora.

Las pequeñas cosas cotidianas son, no lo dudéis, el comienzo de una nueva percepción vital, tanto en la vida diaria como en éste asunto de la montaña que nos atrapa; la clave reside en ofrecer. Ofrecer, por ejemplo, un desayuno en nuestra casa... o a mil kilómetros de ella, donde todo es diferente.
Allá o aquí tiene el mismo valor.
El valor de las "pequeñas cosas" que cambian la percepción de una vida.

Imaginad un amanecer -siempre tardío ¡joder!- tras una terrible noche, en un vivaque "a muerte"; cuerpos enfundados en sacos cubiertos de nieve, ateridos por ése frío que come calor sin piedad. Lejos -tan lejos como el amanecer que poco bueno presagia- del resto del calor humano, entonces ¿qué nos queda?... Fácil... queda la esperanza y el compañero que decidió aventurarse en el viaje... y la determinación de ambos a seguir viviendo.
Suena épico ¿verdad?... Lo mismo hay que vivir más... Vivir.

Apartar la nieve y aguantar el envite de un viento que logra introducir cristales helados en el cuello... en el saco; impidiendo a las manos, congeladas, encender a la primera ¡a la primera, ja! ése hornillo que convierta hielos en aguas. Un milagro.

Mientras, el compañero... ni se ha movido de su "costra"... como una larva que aún no reconocemos. Pero tú ahí... preparando algo caliente que caliente a los dos.

La vida se mide por el termómetro del corazón.

Hay un "diablo", acomodado en tu hombro, que te dice: ¡Cóño, éste tío no colabora!... y el otro, el otro "diablo", mantiene que lo importante es ofrecer y, quizá... no es seguro, pero tampoco importa, cada uno ofrece en su momento.

Ése "diablo" -el acomodado en tu hombro- insiste en que si renuncias y te rindes, podrías llegar a tu hogar, ése lugar seguro y caliente, total ¿cual es la diferencia?... El tipo ése, el compañero con el que has decidido navegar en ésta tapia y que tienes a tu lado, sigue sin moverse.

Arrecia la tormenta al punto de impedir calentar el agua que, al menos, has conseguido conseguir retirando parte de la nieve que te aplasta.
Te alcanza el desánimo... y quieres rendirte.
¡Bah! en cuanto éste se despierte le digo que hay que bajarse de aquí.

Nieva con fuerza y aumenta el frío, sin piedad. No resultará fácil salir del infierno que nos rodea.
Pierdes la esperanza.

Entonces, el compañero ése, la "larva" ésa, rompe su crisálida y suelta: ¿Tenemos algo caliente para el cuerpo? 
¡Buahhh... quieres matarlo!

Te recuestas del lado contrario al tipo ése; rendido y sin ganas de golpear... eso es lo que te "pide el cuerpo"

- Bueno ¡menudo marrón! -eso dice el tipo ése-... Y con desayuno frío. A ver... deja de remolonear y sal del saco, que tenemos tarea.
-¿Ehhh?
- ¡Venga, asegúrame que voy! ¡No te jode! Ahora vamos a escalar... a pesar de que no prepares desayunos calientes.
-¿Ehhh?



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El poder de la esperanza.

¡Feliz Navidad y nuevo 2018!